Una luz apareció de repente de la nada, fingiendo ser la salvación a la desgracia de su vida, pero no era más que un falso espejismo en aquel desierto llamado corazón.
No supo el por qué, pero quiso fingir junto a aquella “salvación” y siguió el camino que lo llevaría al abismo que reflejaban sus ojos inalcanzables. Dio miles de pasos antes de llegar a la muralla que seria el primer obstáculo, el mas enorme, tenebroso y siniestro de todos, pero aún así siguió adelante.
Aquella melodía tan dulce que acompañaba a su reflejo en el espejo del infierno, lo hipnotizó, dejándolo como un ser viviente, inerte a todo lo que se llame razón, todos decían que era amor, pero algo dentro de él sabía que ese desgraciado sentir era más que eso. Lo que no pudo intuir era su fin, nadie tiene el poder de ver el futuro más que Dios.
Y así siguió su vida llena de engaños, de sueños falsos y de miradas desviadas, no se preocupó de saber lo que le pasaba, no quiso darle nombre, pues para él era algo que sólo Dios podía nombrar. Cada paso era como un minuto muerto, que resucitaba para recordarle su tormento. Su inconciente sabia que algo andaba mal, pero se encerró entre rejas de acero para no sentir, ya no quería más frustración.
Por un momento creyó sentir que se ahogaba en un lago de arena movediza, quiso pensar que era la felicidad, pues todo era relativamente perfecto. El engaño es más fuerte que la razón, pues el corazón manda el 80% del cuerpo.
Paso un año, luego dos, luego tres y se volvió viejo. Miró su pasado con nostalgia y se dio cuenta que aquella vida “perfecta”, no era lo que el soñó, no era lo que el quiso. Hasta ese momento el canto de sirenas se estaba agotando, y su intuición de marinero lo comenzó a atormentar nuevamente. En su vida se presentaba una tormenta, el huracán katrina venía para verlo llorar.
El día final llego y el no tuvo mas remedio que pagar el precio de tanta felicidad mal hecha, “todo se paga aquí”, cada respiro que había tenido hasta el momento, cada mirada, cada palabra le cobraban el precio más caro que un hombre puede pagar.
Entrego su alma, su esencia y el final feliz que todos esperaban, se convirtió en una vida mísera entre sus peores sueños, entre su peor miedo y entre lo que hubiese sido sin la ayuda de Satán.
Ni el tiempo en la eternidad es capaz de borrar el engaño





